El gato y el sentido de la realidad

De Schrödinger a la Comunicación Simbólica:

Hay un gato encerrado en una caja. No podemos verlo. No sabemos qué está ocurriendo allí dentro.

Sin embargo, según el famoso experimento mental planteado por el físico austríaco Erwin Schrödinger en 1935, mientras la caja permanece cerrada podemos describir el sistema mediante una superposición de posibilidades: el gato está asociado a un estado en el que está vivo y a otro en el que está muerto.

Tampoco vamos a afirmar que la Física Cuántica demuestra que nuestros pensamientos crean todo lo que nos sucede. Pero: ¿Qué puede enseñarnos este extraño gato acerca de la manera en que observamos, interpretamos y construimos sentido sobre aquello que vivimos?

Abramos la caja

El experimento de Schrödinger fue concebido como un experimento mental para poner de manifiesto un problema de la teoría cuántica: llevar las reglas que describen los sistemas microscópicos hasta un objeto cotidiano, como un gato, produce una situación que desafía nuestra manera habitual de entender la realidad.

En la versión conocida del experimento, un átomo radiactivo tiene una determinada probabilidad de desintegrarse. Si lo hace, activa un mecanismo que rompe un recipiente con veneno. Si no lo hace, el mecanismo no se activa.

La caja permanece cerrada, la descripción cuántica del sistema permite hablar de una superposición de estados posibles.. Desde nuestra perspectiva, todavía no sabemos qué ocurrió. Pero cuando abrimos la caja y realizamos una observación, encontramos un resultado definido: el gato está vivo o está muerto, ya no son dos estados. Ahora estamos ante lo real, ya no hay interpretaciones.

Esto no significa, dicho de manera sencilla, que una persona pueda pensar “gato vivo” y hacer que el gato viva.

No cambiamos el pasado: cambiamos el punto de observación

El experimento pertenece a la física y plantea problemas acerca de la medición y de la relación entre una descripción cuántica y los resultados que obtenemos al medir. Existen, además, distintas interpretaciones de la mecánica cuántica, por lo que sería incorrecto convertir el gato de Schrödinger en una prueba de una determinada filosofía sobre la realidad.

Pero, mediante la paradoja, podemos explorar un territorio más concreto.

Imaginemos ahora que dejamos la caja y volvemos a nuestra propia experiencia.

En nuestra vida ocurre algo: una conversación; una separación; un encuentro inesperado; una oportunidad que aparece; un proyecto que no resulta como esperábamos; una situación que no elegimos. El acontecimiento ocurre y hay algo fundamental que conviene distinguir: que algo ocurra no significa que nosotros lo hayamos creado.

Las circunstancias externas existen; las decisiones de otras personas existen; los acontecimientos imprevistos existen. La realidad no es un espejo mágico que devuelve automáticamente todo aquello que pensamos.

Entonces, ¿qué significa decir que somos “creadores de realidad”?

El Símbolo abra posibilidades

Un símbolo no funciona necesariamente como una palabra de diccionario que tiene una única traducción para todas las personas y en todas las circunstancias. Su significado se construye en relación con un contexto, con otros signos, con una experiencia y con una determinada manera de interpretar.

Por eso, en Comunicación Simbólica no buscamos imponer una respuesta única ante aquello que observamos: exploramos, relacionamos, preguntamos, interpretamos. Buscamos comprender qué significado adquiere aquello que estamos observando.

En Comunicación Simbólica, no buscamos necesariamente descubrir “el significado verdadero” de una experiencia. Buscamos explorar cómo se construye su sentido.

Entonces, ¿somos realmente creadores de realidad?

No somos necesariamente creadores de todo aquello que ocurre. Pero somos participantes activos en la construcción de la realidad significada que habitamos: percibimos, seleccionamos, relacionamos, interpretamos, nombramos, construimos representaciones.

Y esas representaciones influyen en la manera en que comprendemos nuestra experiencia y en las posibilidades que somos capaces de reconocer dentro de ella.

No es lo mismo decir:
“Yo creé lo que me pasó.”

que decir:

“Yo participo en la construcción del significado de lo que me pasó.”

La primera afirmación puede convertirse fácilmente en culpa. La segunda abre una posibilidad.

No creamos los acontecimientos

Si alguien pierde su trabajo, no podemos afirmar simplemente que creó esa situación. Si otra persona decide terminar una relación, tampoco podemos decir que quien fue dejado creó la decisión del otro.

Si ocurre una catástrofe natural, una crisis económica o una circunstancia completamente ajena a nuestras decisiones, atribuirle automáticamente la responsabilidad a quien la atraviesa no aporta comprensión: agrega culpa.

Hay una diferencia fundamental entre causar un acontecimiento y construir significado a partir de él. Y esa diferencia cambia completamente la conversación. Podemos no haber elegido lo que ocurrió. Pero, una vez ocurrido, podemos preguntarnos:

¿Qué significa esto para mí?
¿Cómo estoy interpretando lo que sucedió?
¿Qué estoy viendo?
¿Qué estoy dejando de ver?
¿Qué posibilidades de sentido aparecen cuando cambio mi manera de observar?

La realidad y su significado no son lo mismo

Supongamos que dos personas viven exactamente el mismo acontecimiento.

Para una puede representar una pérdida. Para otra, un comienzo.

Una puede interpretarlo como una confirmación de algo que ya creía. Otra puede descubrir una pregunta que nunca se había formulado.

El acontecimiento es uno. Las significaciones pueden ser múltiples.

Esto no quiere decir que todas las interpretaciones sean igualmente válidas, ni que podamos inventar cualquier significado sin relación con lo que ocurrió. Significa algo más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo:

entre lo que sucede y el sentido que adquiere existe un proceso de interpretación.

Y ese proceso es comunicacional.

Conclusión: Tod@s llevamos una caja

Hay experiencias que permanecen durante mucho tiempo como una caja cerrada.

Sabemos que algo ocurrió, pero no comprendemos qué significa. Sentimos que hay algo allí que todavía no conseguimos leer.

Y entonces aparece la curiosidad: Abrimos la caja.

Observamos; relacionamos; preguntamos. Y quizás descubrimos que el verdadero desafío no era encontrar una respuesta que estaba escondida allí dentro. Quizás era aprender a mirar de otra manera.

Eso es lo que nos interesa explorar desde la Comunicación Simbólica: no controlar la realidad, sino aprender a leerla, porque entre lo que sucede y el sentido que construimos sobre lo que sucede existe un gran territorio. Y ese territorio está lleno de símbolos, preguntas, relaciones y posibilidades.

El gato de Schrödinger no fue creado para demostrar que la mente humana fabrica la realidad. Fue un experimento mental destinado a poner en evidencia una dificultad conceptual de la mecánica cuántica y su relación con nuestra experiencia cotidiana.

Pero su imagen nos deja una pregunta extraordinariamente fértil: ¿Qué hacemos nosotros con aquello que todavía no comprendemos?

¿Lo convertimos inmediatamente en una certeza?
¿Buscamos una única explicación?
¿O somos capaces de permanecer un momento en la pregunta?

Porque interpretar no significa cerrar una posibilidad. A veces significa justamente lo contrario: ABRIRLA.

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