De la experiencia al significado:
Hay momentos en la vida en los que simplemente no entendemos. Algo sucede y no sabemos por qué. Una situación se repite aunque intentemos hacer las cosas de otra manera. Aparece una experiencia inesperada. Un vínculo cambia. Tomamos una decisión y el resultado nos desconcierta. O, simplemente, miramos lo que estamos viviendo y pensamos: ¿Cómo llegué hasta acá?
Cuando las experiencias no encajan con lo que esperábamos, buscamos explicaciones. Necesitamos encontrar una causa, una razón, una respuesta que nos permita ordenar aquello que, por algún motivo, se volvió difícil de comprender. Y es lógico.
Las personas queremos dar significado a las vivencias y así, comprender el sentido que tienen.
Cuando no entendemos lo que nos pasa
A veces queremos encontrar rápidamente una explicación:
“Esto me pasa porque hice tal cosa.”
“Siempre termino en la misma situación.”
“¿Por qué vuelvo a vivir lo mismo?”
“¿Qué estoy haciendo mal?”
Pero no todo lo que sucede puede reducirse a una causa sencilla. Y encontrar sentido tampoco significa asumir que todo depende de nosotros. Hay circunstancias que no elegimos. Hay acontecimientos que no podemos controlar. Hay decisiones de otras personas, cambios inesperados y situaciones que simplemente forman parte de la experiencia humana.
Entonces, ¿qué significa encontrar el sentido?. No necesariamente significa descubrir por qué ocurrió algo. Puede significar comenzar a preguntarnos qué significado tiene para nosotros aquello que estamos viviendo.
El sentido siempre está en la respuesta
Cuando algo nos desconcierta, solemos buscar una respuesta definitiva. Pero quizás la experiencia no esté pidiendo una respuesta inmediata. Quizás esté invitando a observar:
¿Qué estaba sucediendo alrededor de ese acontecimiento?
¿Qué palabras usamos para describirlo?
¿Qué patrones podemos reconocer?
¿Qué representa esa situación para nosotros?
¿Qué significado adquiere cuando la miramos dentro del conjunto de nuestra experiencia?
Estas preguntas no buscan imponer una interpretación. Un mismo acontecimiento puede adquirir significados diferentes según quién lo viva, el momento en que ocurra y la historia desde la cual sea interpretado.
Por eso, el sentido no está necesariamente contenido en el acontecimiento como si fuera una etiqueta que pudiéramos descubrir. El sentido se construye —o se identifica— en la relación entre lo que sucede, la manera en que lo percibimos y los significados que elaboramos a partir de esa experiencia.
Cuando la experiencia comienza a hablar
Vivimos rodeados de palabras, imágenes, gestos, situaciones, objetos, encuentros y acontecimientos. Todo el tiempo estamos interpretando:
Una palabra puede cambiar el sentido de una conversación.
Un gesto puede decir más que una explicación.
Un sueño puede dejarnos una imagen que permanece durante días.
Una coincidencia puede llamar nuestra atención.
Una situación que se repite puede llevarnos a preguntarnos qué estamos observando allí.
No significa que cada acontecimiento tenga un mensaje oculto ni que exista una única interpretación correcta. Significa que la experiencia también puede ser observada como un lenguaje. Y cuando aprendemos a prestar atención a ese lenguaje, aparecen nuevas posibilidades de comprensión.
Encontrar el sentido no es justificar lo que pasó
Esto es importante. Encontrar un significado no significa decir que algo tenía que suceder. Tampoco significa convertir una experiencia dolorosa en una lección obligatoria, buscarle una moraleja o asumir que “todo pasa por algo”. Y mucho menos significa culparnos por aquello que vivimos.
Encontrar sentido es otra cosa. Es poder mirar una experiencia con suficiente distancia como para preguntarnos qué significa, qué representa, qué patrones pone en evidencia y qué podemos comprender a partir de ella. A veces, esa comprensión modifica la manera en que vemos lo sucedido. Y otras veces modifica la manera en que nos vemos a nosotros mismos dentro de esa experiencia.
Una experiencia puede tener más de un significado
Quizás por eso no se trata de encontrar el significado. Se trata de explorar significados posibles, porque nuestra manera de interpretar también cambia. Lo que hoy parece incomprensible puede adquirir otro sentido con el paso del tiempo.
Una situación que alguna vez interpretamos como fracaso puede ser comprendida después de otra manera. Un encuentro aparentemente casual puede adquirir importancia cuando lo observamos dentro de una historia más amplia. Y algo que en un momento parecía no tener ninguna explicación puede comenzar a mostrarnos un patrón.
No se trata de que hayamos descubierto una verdad escondida detrás de los acontecimientos, es que cambió nuestra manera de leerlos.
Conclusión: Cuando lo que te pasa no tiene sentido
Tal vez, entonces, no siempre necesitemos encontrar una explicación. A veces necesitamos aprender a leer la experiencia.
Observar lo que sucede.
Reconocer las palabras que utilizamos.
Prestar atención a las imágenes que aparecen.
Identificar repeticiones, contrastes, encuentros y acontecimientos que llaman nuestra atención.
Explorar qué significan para nosotros.
La Comunicación Simbólica, en parte propone acercarnos a la experiencia como un territorio de significados y aprender a interpretar el lenguaje con el que construimos sentido, porque cuando algo no tiene sentido, quizás no sea necesario encontrar inmediatamente una respuesta. A veces, el primer paso es es solamente detenerse y empezar a mirar.
